FILTRO Y COLOR, ELEMENTOS CLAVE PARA UNAS BUENAS GAFAS DE SOL

No es ninguna tontería. Está en juego la salud de nuestros ojos. Hay ocasiones en que tomamos decisiones mirando el corto plazo de nuestro bolsillo y no reparamos en lo perjudiciales que pueden ser a medio y largo plazo tanto para la cuestión económica como, lo que es más importante, para nuestra salud. Una acción tan simple como comprar unas gafas de solpuede provocar unos efectos nocivos de los que no somos conscientes en ese momento. Olvídate del top manta, de las tiendas de souvenirs, de los puestos de los mercadillos ambulantes…, y cuídate y dale vida a tus ojos comprando las gafas de sol en ópticas y centros autorizados.

Las gafas de sol, lejos de lo que pueda parecer, nos acompañan la mayor parte del año (también deberían hacerlo la mayor parte de nuestra vida, desde la infancia a la senectud) aunque, como es lógico, adquieren mayor protagonismo durante el verano y los días en que los rayos del sol llegan con mayor intensidad a la superficie de la Tierra. Es importante, además del elemento estético inherente, tomarse muy en serio la elección de unas gafas que, como su propio nombre indica, protejan a nuestros ojos del sol y no terminen provocando que su uso sea casi más perjudicial que no llevarlas puestas.

Dos elementos determinan la calidad de unas gafas de sol y su nivel de protección. El más importante es el filtro que lleva la lente y que, en función del tipo, es capaz de absorber y contrarrestar parte de la radiación ultravioleta. El otro es el color que hace más oscura la lente, ofreciendo cierta protección frente a la luz directa. Sin embargo, eso no significa que cuanto más oscuras sean las gafas, mayor será nuestra protección.

Los ojos son órganos muy sensibles a las radiaciones solares, pudiendo sufrir daños en casi todas sus capas. La fotoqueratitis (inflamación de la córnea que produce dolor, sensación de arenilla en el ojo, hipersensibilidad a la luz y, en muchos casos, visión borrosa); la fotoconjuntivitis (inflamación de la conjuntiva que conlleva irritación ocular, sensación de arenilla y excesivo lagrimeo); las cataratas (los rayos solares atraviesan el cristalino y favorecen su aparición); la degeneración macular asociada a la edad (una enfermedad degenerativa que afecta a la retina, la mácula y, por tanto, al centro de nuestro campo visual y a la visión de los detalles, tanto de cerca como de lejos); y las retinopatías son algunas de las lesiones oculares más comunes producidas por el exceso de radiación solar.

Todo esto conlleva la importancia de usar unas gafas de sol de buena calidad. Y nada mejor para conseguirlo que acudir a un centro especializado donde un óptico/optometrista nos aconsejará adecuadamente. Es importante saber, además, que los efectos nocivos del sol sobre nuestros ojos serán mayores cuanto más cerca nos encontremos del ecuador, o si estamos en la montaña o en el mar. También sobre superficies como el agua, la arena o la nieve, ya que estos espacios reflejan las radiaciones y aumentan sus consecuencias negativas.

A la hora de elegir nuestras gafas, empecemos por algo muy simple. Comprobemos que tienen el marcado CE. Luego, sería conveniente elegir una montura que tape todo el globo ocular y unas lentes que bloqueen los rayos UV, tanto los UVA como los UVB. La normativa europea clasifica los filtros en cinco niveles de protección, siendo el 0 el más bajo y 4 el más alto. El 0 es apropiado para interiores y días con poca luminosidad; el 1, para situaciones de luminosidad solar ligera; el 2, para luminosidad media, que suele darse en los meses de otoño e invierno; el 3, para luminosidad fuerte, que es la que solemos recibir en verano y cuando nos encontramos en la playa o la montaña; y el 4, para momentos de luminosidad extrema, como en alta montaña o practicando deportes de invierno.

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